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Revista Migrante

Actualidad investigativa


Hacia un enfoque humanista de las migraciones internacionales

Revista Migrante Edición No. 1
Septiembre 2008 

Los derechos humanos de los migrantes como base de las políticas migratorias

P. Tomás González Morales
Presidente, Fundación Migración y Desarrollo Humano, Chile


Derecho humano a la migración: Verdadero humanismo

En la sociedad actual, cada vez más se necesita construir un real y verdadero humanismo, colocando a la persona como centro de la historia humana. Esto no siempre se logra, ya que hay otros intereses ideológicos, sociales o económicos que frenan este desarrollo. Así han ido surgiendo varios tipos de “humanismos” que han tratado de satisfacer esta urgente exigencia, inspirados en diversas concepciones de la persona y de la sociedad. Hay humanismos cristianos y humanismos laicos; humanismos filosóficos y otros teológicos; humanismo marxista y humanismo neoliberal.

En diversas Asambleas Generales de Naciones Unidas ha habido defi niciones de instituciones como “expertos en humanismo”. Pues bien, para que se dé esta exigencia integradora de la persona de los migrantes en un verdadero y real humanismo, se necesita asumir un humanismo siempre integrador, es decir, que tome en cuenta todas las dimensiones unitarias de la persona humana (apertura a valores absolutos, apertura desde uno al otro o la otra y apertura al cosmos).

A la hora de defi nir la migración como un derecho humano, se han ido superando paulatinamente barreras de diverso signo (político, religioso, social, etc.). Pero no siempre se logra “en positivo” debido a cierta mentalidad o actitudes nacionalistas o racistas, que quieren aplicar el “dominio” sobre los demás, más que servir a una causa “en común”.

Considerar la persona del migrante como totalidad, en todas sus dimensiones, nos ayuda a construir esa dimensión humana fundamental. Esa debiera ser la base de la llamada “aldea universal”, de todos y para todos.

Las dimensiones de totalidad que se deben tomar en cuenta son: los valores superiores, según sea la inspiración religiosa o filosófica; la apertura hacia los otros u otras conociéndose a uno mismo y al entorno; y la dimensión cósmica.

Estos aspectos no pueden faltar para que la migración sea un real valor de progreso humano. Otro ámbito fundamental de una visión integral de las migraciones, es la importancia de la familia. La vocación humana a migrar en familia debe ser tomada en cuenta para que no haya rupturas trágicas (parejas consensuales o los “terceros excluidos”).

Es ésta una problemática muy seria y que, si no se considera, puede llevar a una real “deshumanización” de los migrantes.

Por otro lado, la migración bien asumida contribuye a la “interculturalidad” actual. Para progresar en este aspecto de la “multiculturalidad”, se deben conocer los aspectos propios de cada cultura, partiendo de la base de que no hay culturas superiores o inferiores sino sólo distintas.

Además, es necesario saber conocer y discernir los valores presentes en la cultura de acogida para ir creando una verdadera “comunión intercultural”.

Si esta dimensión no es tomada en cuenta, se forman personas “apatridas” que han anulado una parte fundamental de su humanismo integral.

La migración en el cambio epocal actual

Al hablar de cambio “epocal” se piensa en sentido más amplio en cambios “culturales” que son tan serios y profundos que originan una “nueva época”.

El fenómeno de la “globalización”, para ser un hecho verdaderamente humano, requiere que sea un proceso inclusivo, que no deje a nadie al margen. La migración puede facilitar la adaptación a esta nueva época.

Algunos de estos cambios valóricos tienen un efecto directo sobre la migración:

• Renuncia a la propia cultura. Para que las personas se integren a la cultura de acogida, deben tener un conocimiento de su propia cultura, además de una positiva valoración de la de acogida, de lo contrario, se producen exasperaciones y animosidades raciales y patrióticas.

• Valores religiosos propios en crisis. Si los valores religiosos o morales aprendidos en el hogar no tienen una base lo suficientemente sólida, se quedan sólo en lo superfi cial y externo abandonando ciertas normas que favorecerían comportamientos humanos más positivos.

• Valores humanistas diferentes. El migrante, a través de su incorporación a la cultura de acogida, logra contribuir a la humanización epocal gracias a los valores personales que aporta al proceso, lo que permite superar otros elementos sociales, políticos o ideológicos que lo detienen, como el racismo o los desequilibrios sociales.

• Exigencias éticas en esta sociedad acostumbrada a dar respuestas legales.

Conceptos básicos

• La migración como valor humanista favorece al país de acogida, en una época en que se conforma un nuevo tipo de sociedad.

• La migración necesita la formación de las personas para que exista una verdadera “cultura de acogida” que supere los puros límites legales y sea para todos.

• La centralidad de la migración debe basarse en la persona humana con sus derechos y deberes para vivir el proceso de libertad en todas sus dimensiones.

• Toda legislación migratoria debe basarse en valores positivos de los que nacen los límites o prohibiciones.

Tomado de: Migraciones: experiencias en América Latina y la Unión Europea. Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa, CELARE

Este artículo publicado en esta sección es exclusivamente responsabilidad de su autor y no representan la posición de la Fundación ESPERANZA.


Última modificación: 17 Junio de 2013


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