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Revista Migrante

Opinión


La parábola del retorno

Revista Migrante Edición No. 11
Octubre – Noviembre 2009

Editorial : Revista “Diálogos Migrantes” N° 4
Sobre Migración y Retorno
Oscar Gómez Diez,
Director Fundación ESPERANZA


“Nuestra vida es un aprendizaje de la verdad de que alrededor de cada círculo se puede dibujar otro; que la naturaleza no tiene fin, y que cada fin es un comienzo” Ralph Waldo Emerson.

En la naturaleza, la migración y el retorno siempre se dan de una manera alegre y vital. Las ballenas jorobadas realizan un largo trayecto desde las frías aguas del antártico hasta las cálidas aguas ecuatoriales, para parir allí sus crías, y luego retornan en acrobáticos saltos con sus retoños hacia las aguas del sur, después de cumplir con este ciclo vital de reproducción donde la vida se genera y permanece en movimiento.

Igual sucede con las aves migratorias. Quienes hemos vivido en países del hemisferio norte, constatamos al finalizar el otoño, el espectáculo de despedida de los pájaros que en enorme parvada hacen espirales encima de las grandes ciudades, oscureciéndolas cuales nubes bulliciosas, en una alegre despedida antes de migrar a las cálidas tierras del sur mientras dura el invernal frio del norte. Pasado el invierno, la primavera se llena de color, calor y vida, el paisaje no solo adquiere la vitalidad de la vegetación nuevamente florecida, sino también del alegre cantar de los pájaros que han retornado.

Ciertamente este ciclo es muchas veces interrumpido por factores naturales, o por animales rapaces, o por la acción depredadora del hombre con la caza o la pesca. La vida se detiene, y con ella su danzar y su belleza.

En la migración humana no siempre sucede lo mismo. La voluntad, los imaginarios, la información y los contextos moldean la migración humana.

En muchos casos se migra para mejorar la calidad de vida y en otros para huir de la violencia y la inseguridad; en los primeros, hay un imaginario y un sueño de una vida mejor, en los segundos, un presente roto, una ausencia de sueños y una incertidumbre del futuro.

Sea lo uno o lo otro, nuestros migrantes llegan a su destino, y allí “renacen” a una nueva cultura, a otra sociedad, a otros quehaceres. El arraigo, la adaptación, la supervivencia y el bienestar serán el resultado de un enorme esfuerzo, cuyo éxito no está garantizado de antemano. Pero igualmente se “muere” a lo que se deja atrás en su patria de origen, a la familia, los amigos, la cultura, a lo que fue durante tantos años su espacio vital, su espacio natural. Hay un duelo por lo que se deja y una expectativa por lo que vendrá. La “muerte” no es más que un ciclo en la VIDA de todos los seres, se nace para morir en algo y para renacer a otras situaciones, lo vivimos todos los días al acostarnos a dormir (una forma de muerte) para despertarnos al otro día (una forma de renacimiento).

Lo que asumimos como natural en nuestro ciclo biológico, no lo es tanto en el social; hay otros contextos que moldean nuestras voluntades, las autonomías individuales de los migrantes chocan con las autonomías politicas de los estados receptores o de las sociedades de acogida. Las crisis económicas, disparan las políticas restrictivas y la xenofobia contra los migrantes. El desempleo crece entre los migrantes en proporciones mayores al de los nativos de esos países; conseguir empleo o algún tipo de ingreso, se vuelve una odisea. La lucha por la supervivencia adquiere múltiples desafíos: obtener ingresos para la subsistencia, la discriminación y la xenofobia, la explotación, la persecución por la condición de migrante indocumentado, o, por ser ese “otro” que en momentos de crisis se vuelve intolerable, con el que ya no se quiere compartir el mismo espacio, la propiedad sobre el territorio se vuelve más excluyente: el planeta tiene dueños.

El retorno ocupa un lugar central en la agenda migratoria actual.

La falta de empleo, la ausencia de ingresos, la persecución, la expulsión, la desadaptación y el deseo de volver a estar con los suyos, son quizás las principales causas del retorno de nuestros migrantes. Para algunos, lo que fue sueños y expectativas, se torna oscuro sin horizontes, concluye un ciclo, se “muere” al proyecto migratorio, a los amigos y los amores que allí se construyeron, a lo aprendido como cultura y sociedad, a todas aquellas cosas que con el tiempo recordaremos con nostalgia. Y al regresar a casa, a la patria de origen, se aprestan a vivir un “renacimiento”, que quizás no será tan alegre y feliz como cuando se nació en el seno de su familia biológica. Las expectativas son otras, se había iniciado la travesía migratoria con el sueño de una vida mejor, y su familia esperaba mejorar su bienestar al lado de quien migraba, las remesas que debería enviar, estuvieron siempre presentes en el imaginario familiar como prueba de éxito. En muchos casos, el retorno se asume como un fracaso, como una derrota, el migrante pasa de ser un “héroe” para la familia y el entorno social, a ser una carga más en la supervivencia familiar. El triunfo que en un momento se exhibió se convierte ahora en una derrota en solitario.

Nuestros migrantes como agentes de su propia vida, se ven empujados por la realidad a convertir sus derrotas y fracasos en experiencias y aprendizajes, tejiendo los hilos de nuevos sueños, de un nuevo amanecer. Quizás los gobiernos sean menos flexibles para los cambios y las adaptaciones, las políticas migratorias tanto en los países de origen como en los de destino, tienden a responder más a las coyunturas que a las lógicas reales de los movimientos humanos, la política pública de migraciones se piensa dentro de las fronteras (soberanía), pero se vive más allá de ellas (la globalidad), por lo que es urgente una gobernabilidad mundial de las migraciones, trascendiendo los enfoques fragmentados y pasando a una visión más holística, a una nueva ética universal de la convivencia y del buen vivir. El renacer de nuestros estados, sigue en nuestro imaginario, pero también será el resultado de nuestro compromiso con los movimientos de la vida.

Las personas en situación de retorno, no se reducen exclusivamente al grupo de personas que han fracasado en su proyecto migratorio por dificultades en el proceso de integración, por ser víctimas de la xenofobia o de otras formas de discriminación y violencia, o víctimas de un mercado de trabajo que los expulsa. Para otros, fue una experiencia enriquecedora, y se retorna con lo adquirido, con lo aprendido, se comparte el conocimiento con la familia, con la sociedad, se invierten recursos e iniciativas en la patria de la que por un tiempo se alejaron pero a la que nunca dejaron de pertenecer, se asume la migración como un derecho y el retorno como parte de la misma experiencia vital.

Las empresas danzaban con el enorme flujo de las remesas, más de 4.800 millones de dólares en Colombia y más de 3 mil millones en Ecuador, el segundo renglón de divisas después del petróleo en ambos países. Los migrantes eran un gran mercado, y una válvula de escape a la presión social interna, que ayudaban a mejorar las cifras de desempleo. En el caso de Colombia, los empresarios organizaron ferias inmobiliarias y comerciales en las grandes capitales del mundo, para venderles productos y servicios a los migrantes, las ganancias empresariales crecían, y la responsabilidad social empresarial siempre fue un fantasma, a cuyo llamado siempre rehuyeron. Si no la asumieron en épocas de crecimiento y expansión económica dudamos que lo hagan en épocas de crisis.

En la historia de las migraciones el retorno es un tema recurrente y cíclico, es parte de nuestra naturaleza, como las olas que van y vienen, es un hecho permanente, no solo se retorna por crisis en los países de destino, (la actual percepción), o porque las condiciones estructurales en el país de origen mejoraron sustancialmente, lo que motiva a los migrantes a regresar, como sucedió con España después de su ingreso a la Unión Europea en 1.986, beneficiaria de las subvenciones y de la integración al mercado común, que fueron jalonando su economía, y mejorando el bienestar de toda su población. Igual sucedió con Irlanda, Grecia y Portugal. También se retorna, por desadaptación, o por nostalgia, ya sea de la familia, de la cultura del país de origen, o porque simplemente se cumplió con el objetivo migratorio, este es un tipo de retorno menos sujeto a las coyunturas económicas o políticas tanto en origen como en destino.

La primera Encuesta Nacional sobre Migraciones realizada en Colombia por el Observatorio Colombiano de Migraciones (OCM)1 muestra un sorpresivo incremento del retorno de migrantes colombianos en el año 2008, que en cifras pudieron alcanzar los 120.000 retornados, y que comienza a equipararse con el flujo de emigrantes, que han rondado en unos 170.00 anuales en los últimos años. En Ecuador la cifra también está en crecimiento, pese a que nos hay estadísticas consolidas al respecto.

Hay quienes creen que el retorno no es muy fuerte, basándose en los resultados del programa de retorno del Gobierno español. Aquí vale la pena hacer unas consideraciones.

El Gobierno español ha implementado un programa de retorno voluntario para inmigrantes en condiciones regulares, hasta el momento se han acogido unos 10.0002 migrantes de todas las nacionalidades, cifra que no es muy significativa en un país con más de 5 millones de inmigrantes, (el 12% de la población de España), retornados que escasamente representan 0.17% de los inmigrantes en ese país.

De los 10.000 inmigrantes que en España se han acogido al programa de retorno español, los colombianos y ecuatorianos sumados, no alcanzan a ser 2.5003 La pregunta es ¿Por qué tan pocos inmigrantes se han acogido al mencionado programa?

Resulta que el programa no es para todos los inmigrantes, sino para los que están en situación regular, que hayan tenido un empleo formal, que hayan cotizado a la seguridad social española, y que se encuentren en situación de desempleo, a los que se les ofrece pagarles por adelantado varios meses del subsidio de desempleo, a cambio de que se vayan de España, y se comprometan a no regresar en los próximos tres años.

Quizás el programa no es muy atractivo para quienes después de un largo trayecto, lograron regularizar su permanencia en España, prefieren vivir del subsidio de desempleo al que tienen derecho y esperar que pase la crisis económica, a regresar a un escenario incierto en sus países de origen.

El programa no incluye a los que se encuentran en situación irregular, que pueden llegar a ser un volumen considerable.

Así que si las encuestas nos dicen que el retorno se incrementó notoriamente en el año 2008 en Colombia, tendencia que posiblemente seguirá creciendo en el 2009, la pregunta es ¿quiénes y por qué están regresando?

Una hipótesis es que están regresando precisamente aquellos que no lograron insertarse en el sistema social, económico y legal de los países de destino. Los más vulnerables en época de crisis son los migrantes en condiciones documentarias irregulares. Los que no logran conseguir un empleo y unos ingresos mínimos que garanticen su subsistencia, y algún pequeño excedente para enviar a sus familias; los que se cansaron de la discriminación, de la persecución, y de las políticas que cada vez les cerraban las puertas; los que no se adaptaron, los que no lograron ver algún horizonte en el corto plazo, los que prefieren sobrevivir al lado de sus familias que lejos de ellas, en su cultura, en el entorno que mejor conocen: su patria de origen.

Los que retornan son muchos y de muy variada condición, entre ellos podemos destacar: Los migrantes temporales formales (trabajadores, agricultores, etc.), los migrantes temporales informales (mujeres en situación de prostitución ), los migrantes calificados, científicos y profesionales, los estudiantes, la población carcelaria, los deportados, los refugiados o exiliados, las víctimas de delitos en contextos de movilidad (Trata de Personas y Tráfico de migrantes), los adultos que han trabajado largos años en el exterior y desean retornar para vivir su país; los que han asumido los programas de retorno voluntario, al encontrar allí posibilidad de tener recursos inmediatos y ponerlos a producir a la vez que comparten con su familia, entre muchos otros.

Se requiere analizar las necesidades y las competencias de cada uno, en todos existen múltiples diferencias, particularmente los deportados y la población carcelaria, que son de los más vulnerables en el retorno porque tendrán serias dificultades para incorporarse a los mercados de trabajo, por carecer de historia crediticia o laboral. Otros por el contrario, podrán reintegrarse rápidamente a la vida económica y social e incluso contribuir a generar empleo.

Al igual que la emigración, el retorno es un hecho complejo, cuyas variables están aún por estudiar y explorar, los artículos que se publican en esta revista, quieren contribuir al debate y reflexión, a generar interrogantes para futuras reflexiones y estudios, que den cuenta de las necesidades de nuestros migrantes y de las políticas y programas que se deben adelantar para que ese “regreso a casa” sea lo más saludable para ellos, para su familia y para nuestra sociedad.

Conocer las diferentes necesidades de cada uno de los grupos que retornan y las capacidades de los Estados para hacer acompañamiento en el marco de protección y garantía de sus derechos. Incluso, analizar el aporte de los que no quieren retornar, pero que estarían dispuestos a compartir sus aprendizajes, tecnología y conocimientos. Se trata de proponer alternativas donde las personas que emigran y que retornan sean sujetos y agentes en su proceso y el del país en general.

Tanto en Colombia como en Ecuador se han venido gestando iniciativas gubernamentales sobre el retorno, que además de saludar, requieren del seguimiento sobre sus aciertos y dificultades, al igual que las iniciativas de los países de destino, para encontrar las coordenadas de un diálogo global en beneficio de nuestros migrantes y sus familias, de nuestras sociedades, y de la humanidad.

La migración y el retorno serán siempre protagonistas de la historia humana, en ese ir y venir, hemos tejido culturas y civilizaciones, nos hemos enriquecido a todos los niveles. Sin embargo, también hemos cometido tremendas barbaridades como especie. Solo desde una mirada humanista, podemos asumir positivamente que todo final es también un comienzo, pero un comienzo lleno de esperanzas, en la que todos nos consideremos habitantes del planeta azul, y responsables de la vida en este nuestro único mundo; o como bellamente nos lo describe el poeta T. S. Eliot, “no cesaremos de explorar, y el fin de toda nuestra exploración será llegar a donde empezamos y conocer este lugar por primera vez”. Desde una perspectiva de la vida la migración y el retorno podrán llegar a ser un renacimiento, un florecer no solo para los migrantes, y sus familias, sino también para las sociedades y los Estados, y ello será posible desde el humanismo, la solidaridad y la co- responsabilidad de todos. Al fin y al cabo, todos somos uno en el viaje de la vida.

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1 Mejia W, et al (2009). Resultado generales de la Encuesta Nacional de Migración Internacional y Remesas. 2008-2009. Observatorio Colombiano de Migraciones. Fundación ESPERANZA y Red de Universidades Públicas del Eje Cafetero, ALMA MATER. Con el apoyo de la Alcaldía Mayor de Bogotá y la Unión Europea. Bogotá.

2 Cifra comunicada por el Ministro de Trabajo Español, Celestino Corbacho, el pasado mes de septiembre del presente año. Ver: http://www.observatoriodemigraciones.org//index.php?option=com_content&task=view&id=6979&Itemid=392

3 Según el Diario El País, con base en información del Ministerio de Trabajo, a septiembre de 2009 del total de personas beneficiarias del programa de Retorno Voluntario, 1 688 eran ecuatorianas y 713 colombianas. Ver aquí


Última modificación: 17 Junio de 2013


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